Pareja y relaciones

¿Se puede superar una infidelidad? Lo que dice la evidencia

Por el equipo de Livianamente·7 de noviembre de 2026· 7 min de lectura
¿Se puede superar una infidelidad? Lo que dice la evidencia

Respuesta rápida: sí se puede, y no siempre conviene. En el estudio más grande que existe sobre parejas en terapia, las que llegaron por infidelidad empezaron peor que las demás y mejoraron más rápido, hasta quedar al mismo nivel a los seis meses. Lo que marca la diferencia no es el perdón ni la fuerza de voluntad de quien fue engañado: es si la persona que fue infiel deja de defenderse y sostiene la reparación durante meses, no durante dos semanas.

La pregunta llega siempre igual, tarde, cuando ya pasaron las primeras semanas: ¿esto se recupera o estoy perdiendo el tiempo? Y lo que aparece al buscarla son dos extremos. En un lado, "una vez infiel, siempre infiel". En el otro, "el amor todo lo puede". Ninguno de los dos se parece a lo que muestran los datos.

Lo que encontró el estudio

El trabajo más citado es de Atkins, Marín, Lo, Klann y Hahlweg, publicado en 2010 en el Journal of Family Psychology. Compararon 145 parejas que llegaron a terapia señalando la infidelidad como problema con 385 parejas que llegaron por otros motivos, en centros comunitarios de Alemania y Austria.

Dos hallazgos:

  • Las parejas de infidelidad empezaron claramente peor: más malestar en la relación y más síntomas depresivos.
  • Mejoraron más rápido durante el tratamiento, y a los seis meses de seguimiento ya no se distinguían estadísticamente del otro grupo.

Los matices importan tanto como el resultado. No es un ensayo diseñado para estudiar infidelidad, sino un análisis de datos de terapia que ya existían; es otro país y otra cultura; y mide parejas que fueron a terapia, que no son las mismas que las que no van. Tampoco dice qué pasa a cinco o diez años: los seguimientos largos existen, pero parten de muestras pequeñísimas y las cifras que circulan no coinciden entre sí, así que cualquiera que te dé un porcentaje exacto de parejas que sobreviven te está vendiendo algo.

Lo que sí se puede decir con tranquilidad: una infidelidad no es un pronóstico sellado, y las parejas que trabajan esto bien no terminan en un lugar peor que las que llegaron a terapia por otras razones.

Las tres etapas, y por qué se hacen en orden

El modelo clínico más usado divide el proceso en tres fases. Saltárselas es la razón número uno por la que una reconciliación se cae a los seis meses.

1. Contener el impacto. Semanas. Aquí no se analiza nada ni se busca entender por qué pasó. Se trata de dormir, comer, acordar cómo van a convivir mientras tanto, y frenar las conversaciones de madrugada que terminan a gritos. Hay más sobre esta etapa en descubriste una infidelidad: qué hacer.

2. Entender cómo fue posible. Meses. Es la parte incómoda: qué estaba pasando en la relación, en la vida de cada uno y en la cabeza de quien fue infiel. Entender no es justificar, y vale la pena repetirlo porque la persona engañada suele sentir que explicar es excusar. Sin esta etapa, no hay forma de saber si el riesgo bajó.

3. Decidir hacia adelante. Recién aquí aparecen el perdón y la decisión real de seguir o no, y se parece poco a lo que imaginabas al principio: no es olvidar, es que el recuerdo deja de organizar el día.

Qué reconstruye la confianza de verdad

No es el tiempo. Hay parejas que llevan cinco años y siguen en el mismo punto. Lo que la investigación y la práctica clínica señalan una y otra vez:

  • Transparencia voluntaria, no vigilada. No es que ella le revise el celular: es que él cuente antes de que pregunten. Y se acuerda con fecha de revisión, no para siempre, porque un régimen de control indefinido mata la relación por otro camino.
  • Cortar el contacto de verdad. Bloquear, cambiar de equipo si trabajan juntos, lo que haga falta. "Somos solo amigos ahora" es la frase que más veces aparece en las reconciliaciones que fracasan.
  • Que quien fue infiel deje de administrar el dolor del otro. Nada de "¿otra vez con eso?" ni "ya pasó un año". Quien engañó no pone el calendario.
  • Tolerancia a las recaídas emocionales. Un aniversario, una canción, un nombre en una notificación. Que vuelva el dolor en el mes ocho no significa que no haya avance; significa que es un duelo y los duelos tienen oleajes.
  • Que la persona engañada no se quede en el rol de fiscal. Es la parte más injusta del proceso, y es cierta igual: vivir investigando también la desgasta a ella.

Las señales de que esto no va a funcionar

No para rendirse antes de tiempo, sino para no gastar tres años en algo que ya tenía respuesta:

  • El contacto sigue, en cualquier forma y con cualquier excusa.
  • Se minimiza: "no fue para tanto", "tú también tienes tu parte", "si no hubieras estado tan distante".
  • Hay una condición para quedarse: que no se vuelva a hablar del tema.
  • No hay nada que haya cambiado en la vida real de quien fue infiel: mismos horarios, mismas salidas, mismas mentiras chicas.
  • Hay violencia, control o amenazas. Aquí no se trabaja la pareja, se trabaja la salida con apoyo. La Línea 100 del MIMP orienta gratis las 24 horas.

Cuánto toma

Más de lo que te gustaría y menos de lo que temes. La mayoría de las parejas que lo logran hablan de uno a dos años hasta sentir que la relación es otra vez suya, con los primeros tres o cuatro meses como los peores. Es un plazo largo, pero no es un plazo de sufrimiento constante: lo que cambia primero es la intensidad, mucho antes de que cambie el recuerdo.

Y hay una verdad que suele aliviar cuando se dice temprano: la relación anterior no vuelve. Si funciona, lo que queda es otra relación, con otras reglas y con esta historia dentro. Las parejas que lo consiguen no son las que lograron olvidar; son las que aceptaron construir algo distinto.

Si quieren intentarlo, en Livianamente pueden ver psicólogos especializados en pareja con sus precios y horarios, desde S/ 60 por sesión de 50 minutos. Ir uno solo también sirve, sobre todo al principio.

Este artículo es informativo y no sustituye una evaluación profesional. Si en tu relación hay violencia, control o amenazas, la terapia de pareja no es el camino: llama a la Línea 100 del MIMP (gratuita, 24 horas).

Preguntas frecuentes

¿Sirve la terapia de pareja si solo uno quiere ir?

La terapia de pareja necesita a los dos, pero la terapia individual sirve igual y muchas veces es el mejor primer paso. Ordena lo que quieres antes de negociarlo, y es bastante común que la otra persona acepte ir después de ver un cambio real.

¿Hay que contarle todos los detalles a la pareja engañada?

Hay que contar la verdad sobre lo que importa: si terminó, si hay contacto, si hubo riesgo de salud, cuánto duró, quién sabía. Los detalles sexuales concretos son la excepción: no aportan nada para decidir y alimentan imágenes intrusivas que después cuesta meses apagar.

¿Quedarse por los hijos es mala idea?

Depende de cómo se queden. Crecer con dos padres que se desprecian en silencio hace más daño que una separación bien manejada. Si se quedan, que sea con un trabajo real de reparación; si no se puede, lo que protege a los hijos es que la separación sea ordenada y sin usarlos de mensajeros.

¿Por qué me obsesiona la otra persona y no mi pareja?

Porque es más fácil. Enfocarse en la tercera persona —compararse, buscarla en redes, imaginarla— protege de la pregunta difícil, que es qué hago con alguien que me mintió y a quien todavía quiero. Es muy común y suele ceder cuando esa pregunta empieza a mirarse de frente.

¿Y si perdono y me vuelve a pasar?

Es un riesgo real y no hay forma de eliminarlo. Lo que sí se puede es bajarlo: mirar qué cambió de verdad y no qué se prometió, y decidir de antemano, contigo misma, qué harías si volviera a pasar. Tener esa respuesta clara te devuelve algo de control aunque nunca la uses.

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